23 dic. 2012

Un poema de mi libro "MENTIDERO DE MADRID", acompañado de la nota explicativa que llevan todos los poemas en ese libro.
Monumento a Cascorro, en la cabecera del Rastro madrileño


RIBERA DE CURTIDORES (“El Rastro”)
“Somos todo lo honrados que usted quiera creer”
                                                   (Patxi Andión)

Hay lugares extraños donde el vidrio reluce como los pies de un santo, y los santos se agrupan en madera o en sueño, y los sueños recuerdan al óxido y al grito, y los gritos no saben más que de profecías.

Hay lugares donde las profecías son artificio y cruz, y las cruces aún buscan su cristo o su pasado, y el pasado es ahora y es mañana, y mañana es ayer, y ayer huele a silencio y a cerveza.

Hay lugares donde toda cerveza busca el canto, y el canto tiene agujas en las manos, y la mano se afana.

Hay lugares donde el afán es múltiple y redondo, y lo redondo tiene forma de estuche, y los estuches contienen el recuerdo y sus perlas, y las perlas son ojo de cristal, el ojo de cristal mira con insolencia, y la insolencia a veces desayuna.

Hay lugares donde se desayuna con los viejos cacharros de la infancia, y la infancia es un globo, un tirachinas, una capucha verde, y la capucha entiende de las lluvias en todos los relojes, a pesar de ser verde.

Hay lugares donde el reloj no importa más que el aire de la mano, su dorso, su dibujo, su talento que ofrece, toma, quita o da. Y la mano se afana.

Hay lugares donde el afán es página de libro, y el libro sabe todas las respuestas, y las respuestas callan y compran un lápiz de colores, y el color es tan ciego como algunas cucharas, y las cucharas tienen triste los párpados, y el párpado es tristeza en un salero, y el salero es azul.

Hay lugares donde el azul recuerda que fue rojo, y el rojo anda buscando su camisa, y la camisa juega con el plato, y el plato es cerámica esmaltada, y el esmalte conoce un corazón de niña, y la niña se duerme en la trastienda, y la trastienda es gato cascabel de gato.

Hay lugares extraños donde los cascabeles suenan a concierto de espuma, y la espuma es la mano. Y la mano se afana.    

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La ribera de Curtidores toma el nombre de los muchos trabajadores de este oficio que había en la zona. Por allí cerca se instaló el primer matadero municipal a finales del siglo XV (luego más abajo, junto al río) y por allí subían los carromatos con reses muertas hacia las zonas de las carnicerías cercanas a la Plaza Mayor o el barrio de Lavapiés cuando, tras la expulsión, ya no era la judería madrileña.
El rastro de sangre que inevitablemente teñía el suelo de aquel camino dio nombre a la zona y luego al mercado de objetos viejos que es el famoso Rastro madrileño.
Es lógico que en todo ese entorno de las afueras con arroyos que bajaban hacia el río se situasen —siglo XV y siguientes— mataderos, talleres de curtidores, carnicerías e incluso cuchillerías y vaciadores. El agua era para ellos especialmente necesaria. 
Resulta curioso que el verbo afanar sea básicamente entregarse al trabajo con esfuerzo y vehemencia pero se use también, vulgarmente, con el significado de hurtar o estafar. Ambas condiciones se dan en el famoso Rastro madrileño.

3 comentarios:

ALEJANDRO PÉREZ dijo...

Sencillamente, genial, Enrique. Nada más y nada menos. Esa cadena de actividades, de objetos, de significados y significantes hacen que el lector baje y suba por ese lugar tan entrañable como es el Rastro de Madrid, lleno de todo: sugerencias, ideas, emociones...

Un abrazo.

Alejandro

de soslayo dijo...

Desde luego todos tenemos un precio. Un placer leerte. Gracias.

Salud

Azpeitia Aleph dijo...

Encadenar pensamientos y tirar de ellos como si de una vieja carreta se tratara, no es tarea fácil, cuando además el pensamiento tiene contenido y belleza, el trabajo es todavía peor, más duro...eres muy buen poeta...lo llevas dentro y eso no se puede ocultar...un abrazo de tu amigo azpeitia...