8 mar. 2010

UNA NIÑA DE AZUL CON UN PLUMIER DE PINO

Foto Paula Gracia
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NOTA PREVIA:
Debido a las características del blog, me es imposible reproducir la versificación exacta en este poema que tiene muchos versos anisosilábicos compuestos.
La forma original aparece en el libro "Crónicas del Laberinto", recogido completo en Contrafábula
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UNA NIÑA DE AZUL CON UN PLUMIER DE PINO

Ha muerto en Conde Duque
una niña de azul con un plumier de pino.

Es una vieja estúpida la noche de Madrid,
una mueca sin dientes que recuesta su rictus de sonrisa en las aceras.
A lo lejos,
detrás de tanta fiebre de tejados,
hay un jardín con úlceras, con hambre, que golpea el perfume de café,
la tos de una muñeca
que se perdió en el fondo de la tarde. Jeringuilla de plástico y mentiras.

Me subo el cuello del abrigo,
no hay nada que decir, poco que hacer. Fatiga.
Pasa un ruido descalzo de autobuses
que dibuja la sangre para fotografías de turismo.
Cerca quizás, para qué buscar lejos, hay alguien que se gana la piel tostada y limpia
con el pálido labio
de esta niña sin horas que cambiaba sus sueños por un grito en el brazo.

Me detengo a buscar por los bolsillos cualquier cosa,
un poco de tabaco, calor para las uñas,
refugio contra el miedo,
y esas muchachas tímidas pasan corriendo como siempre,
novias tontas que han de llegar a casa sin mirar las paredes don­de todo se vende con rápida sonrisa.
Calle de la Princesa, veloz la luz, el aire, el agua que mañana llegará hasta la plaza.
Pero la niña azul no corre.
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Enrique Gracia Trinidad (de Crónicas del Laberinto)
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7 comentarios:

Jesús Arroyo dijo...

Si supieras, Enrique, los recuerdos... Muy cerca, tan cerca como unos pocos metros separan Conde Duque de San Bernardino. Por allí galopó el mismo caballo de nombre muerte.
Un abrazote.
Nos vemos el miércoles aunque el Madrid juegue Copa de Europa.

Manuel dijo...

Creo que esta es la última vez que te lo digo en privado, querido Maestro.

Te llevo reclamando un taller "on line" hace años. Mi voz se ha perdido en la nada de la gran ciudad. Pero reclamo el derecho de que aqui, en "provincias", podamos disfrutar del beneficio de tu saber hacer.

O, lo que es lo mismo, yo quiero saber escribir cosas como esta que tu has escrito, sin ponerme estupendo, sin engolarme y sin meter la pata. Y eso se consigue con un tanto de don innato - que sepa el excelso hacedor quién nos lo dá -, y otro mucho de trabajo. Lo del don innato ya veremos donde se consigue. Pero el trabajo nuna me ha asustado.

Así que ponte a trabajar porque pienso allanarte el camino para que ese taller "vitual" llegue a ser una realidad fructífera para todos.

Un gran abrazo

Emilio dijo...

Palabras mayores siempre tus poemas, Enrique. Y tus libros. Qué bien les vendria a muchos releerlos. Y a algunos leerlos. Yo, qué quieres que te diga, paseo contigo y con Sabina por esos viejos cuarteles, ahora aulas de cultura, de Conde Duque...y sus jardines, calles y cafés aledaños...De vez en cuando paso por el Café de Ruiz, tan cerca, con su té de hierbabuena, donde reúnes a tus amigos alrededor de la palabra, miro arriba y veo las nubes que disuelven los restos de almanaque preteridos...y siempre te encuentro..en tus versos y en la mirada previa de tus versos. Porque allí está el misterio de la claridad. Haber andado por los mismos parajes.

"Me subo el cuello del abrigo,
no hay nada que decir, poco que hacer.."

Bueno, detenerse a tomar unas notas, esbozar unos trazos. Tocar la vida con las palabras. Eso.

Tú lo haces como nadie.

Anónimo dijo...

¡Qué bueno, Enrique! Me encanta leerte por dos razones: una porque disfruto con ello, y la otra por que intento aprender de tí... Tarea difícil, la verdad; aunque yo soy muy perseverante en mis deseos. De hecho, el año que fui tu alumna descubrí grandes cosas sobre poesía. Gracias.

Un beso y toda mi admiración.

Mila

Rosa dijo...

Rendida a tus versos, querido maestro. Ya sabes que eres mi debilidad poética.
No sé cómo se pueden escribir tantos versos buenos en tan poco papel… Y mira que llevo horas poéticas a tu lado ¿eh?.

Gracias por compartir esas cosas tuyas tan bien escritas. Un beso

Un beso
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Mari Carmen Azcona dijo...

Has conseguido que no aparte la mirada del cuadro por ti retratado. Sin recrearte en la muerte he sentido sus lágrimas negras...hay tantos jardines con ulceras, con hambre en nuestros pueblos y ciudades.

Magnífico poema, gracias por decir y hacer.

carlos guerrero dijo...

Un poema sensacional y un decir excelente. Me ha encantado estar en tu blog.

Un abrazo